Cada año, miles de visitantes buscan entradas para la Mezquita Azul antes de llegar a Estambul, y descubren que no existen. A diferencia de Santa Sofía, que cobra 25 euros por persona, o del Palacio Topkapı y la Cisterna Basílica, que requieren reserva previa, la Mezquita Azul no tiene entrada, ni sistema de venta de entradas, ni proceso de reserva. Se trata de una mezquita en funcionamiento, no de un museo, y ha acogido a visitantes gratuitamente desde el siglo XIX. Sultán Ahmed I abrió sus puertas en 1617.
Entonces, si la entrada es gratuita, ¿por qué existe esta página? Porque "gratis" no significa "sencillo". La Mezquita Azul tiene un control de seguridad obligatorio que puede suponer de 30 a 60 minutos de cola en temporada alta. Cierra cinco veces al día para rezar. Impone un estricto código de vestimenta. Y una vez dentro, no hay paneles informativos, audioguías ni carteles que expliquen lo que se está viendo: sólo uno de los interiores más impresionantes del mundo islámico, sin contexto para los 21.043 azulejos pintados a mano sobre la cabeza ni la historia del sultán adolescente que lo construyó todo.
En esta página encontrará todo lo que necesita saber: si una visita guiada merece la pena, cómo comparar las distintas opciones y cómo sacar el máximo partido a su visita, tanto si la realiza por su cuenta como con un guía.